viernes, 19 de marzo de 2010


Cientos de miles y hasta millones de hectáreas de la Patagonia argentina y chilena han sido compradas, a valores irrisorios, por magnates de diferentes orígenes en los últimos años y en la gran mayoría de los casos la adquisición de tierras se concretó con el apadrinamiento de fundaciones ecologistas o con la supuesta finalidad de la preservación ecológica. Pero en realidad todo esto se inscribe en un proyecto geoestratégico de recolonización donde el imperialismo de los Estados Unidos -y de otros imperialismos- busca apropiarse de regiones valiosas en recursos naturales, biodiversidad y fundamentalmente no contaminadas por el accionar del hombre.
Esta realidad no es exclusividad de la Patagonia, también se ven llegar los tentáculos hasta zonas como el acuífero Guaraní (en la región de la Triple Frontera de Argentina, Brasil y Paraguay); o al área del Amazonas y a la región centroamericana. Paradójicamente en todos estos territorios pueden divisarse planes económicos (Area de Libre Comercio de las Américas, Plan Puebla Panamá, Plan Dignidad) y militares que se transforman en piezas claves de un andamiaje recolonizador que Estados Unidos encabeza, en este caso, en América Latina.
Mientras la población mundial se reproduce y crece constantemente, los recursos naturales, en particular el agua, tienen una durabilidad finita y es ahí donde se produce uno de los primeros cuellos de botella que el Imperialismo está previendo resolver –con vista al futuro- a partir de las apropiación de los recursos naturales. Entre los años 1960 y 1970 se elaboraron varios documentos entrono de esta cuestión.

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